sábado, 17 de mayo de 2008

Alimentos


Una vez al mes, voy al Banco de Alimentos de Cantabria a recoger comida para nuestros amigos africanos. Allí me dan paquetes de lentejas y alubias, de arroz y azúcar, galletas, pan, yogures a punto de caducar, carne envasada, latas de conservas, botellas de refrescos, un poco de leche y, cuando hay suerte, un litro de aceite de girasol o fruta.

Hay que dar muchas gracias. A Patricia, la trabajadora social del Ayuntamiento, que respalda con su firma la necesidad más básica de muchas personas. Y a los voluntarios del Banco de Alimentos, que siempre son muy amables conmigo y que dedican su tiempo a repartir felicidad en forma de comida.

La ayuda es tan necesaria… Algunos días, nuestros amigos no tienen nada que cenar porque sus jefes les pagan tarde. O, de repente, viene una mala racha y se quedan sin trabajo. A veces pienso que deberíamos montar un Banco de Alimentos en Castro, seguro que a muchos supermercados les sobran excedentes que acaban en la basura. Y seguro que a muchas personas no les importaría dar un paquete de garbanzos de vez en cuando. Aportar un euro de un presupuesto de compras que puede ser de cientos de euros al mes. Un grano de arena para llenar una playa de solidaridad.

viernes, 16 de mayo de 2008

Leer sobre Afrika 4


ISIDORO MACÍAS 'PADRE PATERAS' PREMIO MUNDO NEGRO 2006
«Todo lo que soy se lo debo a Dios y a los periodistas»
El religioso franciscano viajó desde Algeciras a Santander para hablar de su lucha en favor de las africanas embarazadas que cruzan el Estrecho
Mariña Álvarez, El Diario Montañés, 16-05-08

Hombres de Dios
Una misión en la zona más pobre
Muchos misioneros católicos viven en lugares remotos lidiando con la pobreza extrema; con la falta de infraestructuras, de sanidad, de educación, hasta de Estado. Así es la vida cotidiana de los javerianos de Madina, al norte de Sierra Leona, la zona más pobre del país más pobre del mundo.
Lola Huete, El País Semanal, 04-05-08
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(no os perdáis las fotos)

miércoles, 14 de mayo de 2008

Minihistorias de Afrika: regresos


- “Papá, cuando vuelvas de Europa tráeme unos zapatos como los que llevan los blancos”. Un senegalés de 8 años.

- “Tengo que volver a África porque no quiero que la gente de este país, con su mirada me diga: ‘Tú no eres de aquí’”.

lunes, 12 de mayo de 2008

Minihistorias de Afrika: contrastes

- Comentario de un musulmán viendo la Pasión Viviente de Castro: “Qué malos fueron todos con Jesús”.


- Un africano viendo el Puente Colgante de Portugalete: “¡Hay que ver que bien trabajan los blancos!”

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Fui a ver la exposición de Cruz Roja y fue tal como me había imaginado: a pesar de ser un montaje interesante, digamos que lo que una muestra así te puede transmitir sobre la inmigración y sobre el problema de los cayucos, no sería ni un 1% de lo que te puede transmitir una conversación de cinco minutos con un inmigrante. Ellos sí que cuentan bien... No obstante, todas las iniciativas cuyo objetivo sea dar a conocer, sensibilizar, crear conciencia social... evidentemente, son un acierto.

Elena.

jueves, 8 de mayo de 2008

El viaje

“Durante los diez días que duró la travesía, sólo orinó. Comía galletas que secan el intestino para estar estreñido. No se quería sentar en el borde del cayuco por miedo a caerse al agua”.


El mar es la frontera entre la miseria y la promesa de un futuro mejor.
Cuando uno abandona su casa, a su gente, y se juega la vida en un viaje sin destino claro, tiene razones poderosas. Es una valentía teñida de desesperación.
El viaje puede durar semanas. El espacio es mínimo, la comida poca; el agua, casi toda salada.
Intentamos imaginarnos las sensaciones y dolores de esta travesía infinita y somos incapaces. Ni siquiera sabemos qué es el hambre de verdad, ni hemos vivido la guerra en carne propia (la mayoría). El de ellos, es otro mundo.



Estos días –hasta el próximo lunes 12 de mayo concretamente- recala en Santander la exposición ‘En la otra orilla’, una propuesta de Cruz Roja Española que intenta que comprendamos mejor el viaje de los inmigrantes. Es una muestra sensorial que trata de transmitir olores, situaciones… en definitiva, experiencias. Se puede ver en la estación de Renfe de 10 a 13 y de 16 a 21 horas. Esta tarde iré. Ya os contaré.

martes, 6 de mayo de 2008

Premios Día de Internet

Sólo con dos cliks, vota a este blog para los premios Día de Internet:
http://www.diadeinternet.org/2008/index.php?body=premios_votar&ctr=3579

Buscamos visibilidad para dar a conocer estas Historias de Afrika, de los sueños sin fronteras, entre más gente todavía. Muchas gracias por tu colaboración.

lunes, 5 de mayo de 2008

Minihistorias de Afrika: integración


En las fiestas de Bilbao, un ivoriano compra una ikurriña y el vendedor le pregunta que de qué país es. Le contesta: “Soy vasco”. Evidentemente es africano y el vendedor insiste: “Pero, ¿de qué país vienes?”. “Ya te he dicho de dónde soy”. Ante la incredulidad del chico, le aclara: “Mi amatxu es vasca, entonces… yo soy vasco, ¿no?”. Paga la bandera y se va.

Y así se quedó el vasco blanco, sin saber dónde había nacido el vasco negro.

miércoles, 30 de abril de 2008

Andar en círculos



Tres años penalizados. Son ilegales y no pueden trabajar durante tres años. ¿Pero qué se supone que deben hacer? Una vez finalizada la acogida de Cruz Roja van a la calle. Conseguir trabajo y casa es muy difícil.

Hace dos semanas, Kafumba nos habla de un feriante que necesita tres chicos para el verano. Hablamos Ogando, Rosa y yo con Said, un marroquí que ha trabajado en la feria y nos dice que el trabajo es bueno. Said llama al feriante; es un portugués que está en un pueblo de Zaragoza reparando los tiovivos y que va a recorrer Navarra, La Rioja y País Vasco hasta octubre. Tiene prisa, necesita que vayan ya. Como a Sidia y Alassana se les acaba la acogida, les proponemos probar este trabajo, mientras encontramos otra cosa mejor. Parece un buen plan porque no tienen que pagar casa, comerán con los feriantes y les pagarán 500 euros al mes. No nos fiamos mucho del tipo de vida, así que les advertimos que si no sale bien pueden volver. Todos tenemos miedo. Mi marido le enseña a Alassana un tiovivo y autos de choque en el ordenador. Nunca los ha visto pero le decimos que es para fiestas y que los utilizan muchos niños.

El día antes de marchar, Alassana lloró cuatro o cinco veces, cada vez que se despedía de algún amigo. Sacudía la cabeza, me miraba y decía: “Yo no veo más tú”.

Cuando Cruz Roja les prepara la salida, cogen el autobús con destino Zaragoza. Estoy en Málaga y no dejo de mirar el teléfono. Llamo a Sidia. Ya están en la estación de bus en Zaragoza pero no está el feriante. “Llámale”, le digo; quizá él esté dentro y ellos fuera, o al revés. Media hora después, de verdadero arrepentimiento, Sidia me dice que ya ha llegado el señor. Respiro profundamente aliviada.

La alegría dura poco. Por la noche me vuelven a llamar y me dicen que muy mal. Tienen que dormir en la cabina de un camión con los pies en el salpicadero. Sus bolsas están en el coche porque no hay sitio donde dejarlas. Han cenado una barra de pan. No tienen ni agua para beber. No hay servicios. El camión tiene un cristal roto por donde entra el frío.

“¡Mamá, no puede duchar! ¡Aquí no hay niños!”. Intento que se queden el fin de semana. Están en un pueblo reparando y pintando las atracciones, y van a ir a Beasain, en Gipuzkoa. Me llama el feriante y me dice que lo que pasa es que no quieren trabajar. Yo le hablo de las condiciones en que van a vivir y él le quita importancia a todo. Supuestamente iban a dormir en una caravana y comer y cenar con ellos. Los 500 euros se convierten en 400.

Llamo a los amigos de Castro y a mi hija; si van a volver hay que ayudarles. Elena, mi eficiente colaboradora, me dice que, si volvieran, la policía municipal de Santander les mandaría a un albergue donde podrían estar cuatro días. Cantabria Acoge estudiaría su caso y parece que hay un lugar donde pueden vivir hasta que encuentren trabajo. Si se tuvieran que quedar en Castro, les ayudaríamos, y mi increíble hija les ofrece su piso, sin estrenar, pero medio vacío.

El feriante se resiste a llevarles a la estación. Los necesita y está fastidiado. Cuando se decide es tarde y Sidia y Alassana pierden el autobús. Pasan la noche en la estación y a las seis de la mañana salen rumbo a Castro. Mi admirado Juan Ogando les lleva en su coche al albergue, donde sorprendentemente les han acogido por unos días más.

No sé cuántos bares, restaurantes, tiendas hemos visitado pidiendo trabajo. La respuesta siempre es no. Sin papeles, no. Lo entiendo, se arriesgan a pagar una multa. ¿Y entonces?
Han pasado cuatro meses, faltan 32 para completar los tres años de penalización. ¿Alguien tiene una solución?

martes, 29 de abril de 2008

Leer sobre Afrika 3



Sueños que matan y muros inútiles
ROSA MONTERO 18/06/2006

Cada vez empiezan su trágico viaje desde más abajo. Primero fue Marruecos, luego Mauritania, ahora Senegal. Cuanto más lejos botan las pateras, más posibilidades de morir. Mientras tanto, nosotros levantamos vallas, ponemos patrulleras, reclamamos la presencia de la Armada, pedimos a la Unión Europea que haga algo. Pero todos los esfuerzos represivos y defensivos parecen inútiles: es como intentar contener el agua del mar entre las manos. Europa es un castillo fatalmente sitiado, una pequeña isla en mitad de un océano de desesperanza. ¿Alguien cree de verdad que podemos defendernos de su necesidad? Son muchos, cada día son más y están dispuestos a intentarlo una y otra vez hasta perder la vida. Que es lo único que tienen. O casi lo único.

África es un continente trágico y en muchos sentidos agonizante. La sequía que actualmente padece ha agravado una situación ya de por sí límite y ocho millones de personas corren un riesgo crítico de morir de hambre. Sin duda los inmigrantes vienen espoleados por la miseria y la hambruna, pero no es sólo eso lo que les moviliza. Porque estos sórdidos viajes hacia las costas españolas suelen costar bastante dinero: al parecer, y dependiendo del barco y de la ruta, cada individuo paga entre 600 y 3.500 euros al traficante. Son sumas respetables, sobre todo en el contexto africano. En los pueblos de origen de donde provienen los inmigrantes tal vez hubieran podido invertir ese dinero en otra cosa. En el comienzo de un pequeño negocio, por ejemplo. No, no es sólo el hambre, ni la necesidad más elemental, lo que hace que estos desheredados de la Tierra se lancen a una aventura tan peligrosa. Yo creo que lo que de verdad les mueve es el ideal, el sueño rutilante del paraíso europeo, el brillo cegador de nuestra confortable sociedad de ricos, tal y como la adivinan en la televisión y en las películas.

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lunes, 28 de abril de 2008

Bass y los niños



Nerea es profesora en una escuela de Guriezo. Propuso a la directora la visita de un africano llegado en cayuco para que los niños conocieran su realidad. El miércoles, día que libra Bass en su trabajo, fuimos a la escuela.

Tímidamente, los niños empezaron a hacer las preguntas que habían preparado: ¿de dónde eres?, ¿por qué viniste?, ¿qué es un cayuco?, ¿en qué trabajabas?, ¿estás casado?, ¿tienes hijos?, ¿cómo se llaman?, ¿tienen juguetes los niños africanos?, ¿te gusta el fútbol?, ¿de qué equipo eres?, si no tuvieras amigos en España, ¿te irías? Bass contestó y encantó. Tocó el tambor, cantó una canción en francés y hasta sacó a bailar a una forofa del Athletic.

Nuestro amigo perdió a su hija de cinco años hace unos días, pero cuando le preguntaron por sus hijos no quiso entristecer a los niños y habló de ella como si estuviera viva. ¿Cuántos hijos tienes? Tres, dijo. ¿Cómo se llaman? Thierno, Mamyara y Mamadou. Y escribió sus nombres. Y yo sentí un nudo en la garganta y aprendí una lección de fortaleza y superación. Vi lágrimas en los ojos de una profesora.

Le hicieron regalos para sus hijos, así que tenemos que mandar un paquete a Senegal para que Thierno y Mamadou reciban esos útiles escolares que con tanta dignidad consiguió su padre. Después nos enseñaron el colegio y los niños a la salida llamaban y saludaban a Bass con afecto.
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