miércoles, 3 de junio de 2009

Crisis



Me ha llamado M. K. para pedirme algo de comida. Una amiga me ha dejado en la Casa del Mar una bolsa con aceite, azúcar, latas y leche. No se imagina lo oportuna que ha sido. Completo el pedido con un pollo y escucho al muchacho que ahora no trabaja. Vive con uno que sí trabaja, pero dice que no le pagan, y que cuando le den los 2.000 euros que le deben pagará el alquiler.

Me encuentro en el portal con A. J. Se acabó para él el trabajo en el restaurante donde estaba. ¿Cómo se pueden entender dos húngaros, un francés, un chileno y un gambiano? "No te preocupes, mama", me dice, "yo puedo dormir en la calle".


K. K. se ha lesionado jugando al fútbol. Nos dejaron una huerta, nos regalan plantitas de pimientos, tomates, lechugas y acelgas, y ahora que hay que trabajar, pero él no puede casi ni andar.

Esto ha pasado en una mañana. Es la situación de tres pero hay once más, de los cuales sólo cuatro están bien por el momento. Demasiados hijos para una casa pequeña.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Deberiamos hacer reforma y ampliar unos cuantos metros cuadrados la casa...SE BUSCAN ALBAÑILES!!!


KERTXO

Fátima dijo...

El afán de supervivencia a veces hace que ocurran milagros. ¡¡Mucha suerte!!
Bicos
Fátima

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