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miércoles, 24 de noviembre de 2010

La vida sigue

Los africanos siguen formando parte de mi vida. Mi madre murió en marzo, y algunos han vivido muy de cerca esta etapa dolorosa con mi familia. Jamás olvidaré, estando mi madre en el hospital, el cariño con que Echarki, mi buen marroquí, la daba masajes en las piernas y la animaba a comer con dulzura: "Abuela come, come un poco más". Ella le acariciaba la cara y le decía: "Qué bueno eres, a ver si tienes suerte". Tampoco olvidaré sus escapadas al baño, para que no le viéramos llorar.



A veces se quedaba a dormir en casa de la abuela, cuando yo me iba para acompañarla, y tengo recuerdos de momentos dulces, los tres sentados en el sofá amarillo y tapados con la mantita, viendo El Águila Roja, por ejemplo.

Tampoco podré olvidar a mi querido mauritano, Mohamed Vall, que nos acompañó a mi hermana y a mí en la noche en que nuestra madre agonizaba. Gracias Vall porque con tu presencia y tu conversación aliviaste esas horas terribles. Algo nos unió profundamente cuando juntamos nuestras manos Fernando el sacerdote, la madre, las hijas y tú, Mohamed Vall.

También estuvieron cerca Sidia y Hervé, que visitaron a mi madre en el hospital y nos acompañaron el día del funeral.

La vida sigue. No la concibo sin ellos.

miércoles, 26 de mayo de 2010

¡Feliz Día de África!

Hoy es el Día de África. Nos hubiera encantado celebrarlo con una nueva historia, pero hay tanto que hacer que el tiempo para contar está muy contado.

Nuestros africanos pasan por buenos momentos. Estamos en pleno período de plantación en nuestras Huertas Solidarias, de las que pronto os podremos contar más: cebollas, patatas, lechugas, tomates... Es tiempo de sembrar para después poder recoger.



Feliz día. Feliz prosperidad. Feliz.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Africanos en España, españolas en África



Las “madres” –Mª Carmen y yo- nos vamos de viaje a Kenya y, desde España, Sidia nos manda mails como este:
“Espero veros pronto os echo mucho de menos me gusta mucho estar con vosotras porque sois muy simpaticas y alegres y os precupeis mucho de nosotros yo me alegro mucho porque me haceis sentir muy feliz pero ojala dios os proteja como siempre bueno un abrazo a todos que lo pasais bien adios mis mamas”.

El otro día me llama Doumbia y dice que le ha hablado de mí a su madre. Ella dice que cuando pueda viajar su hijo, que vaya con él a Costa de Marfil y que me va a regalar una vaca. Entre risas le contesto a Doumbia: “¡Pero qué voy a hacer yo con una vaca!”, y él se ríe y me dice “Pues traerla a España o comerla allí”. Son geniales.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Orgullo de madre

Kukuxumusu (creo).

En dos meses cruzó la frontera unas quince veces. Pasaba de Tánger a Tarifa y le obligaban a volver. Pero un día eligió un autobús turístico que le llevó más lejos. Llegó a Sevilla. Viajó cuatro horas tumbado en el chasis. Cuando el autobús se detuvo en la cochera y los turistas se fueron, todo se quedó en silencio y entonces salió del escondite. Pero el garaje estaba cerrado, y el vigilante que le vio por la cámara de seguridad, llamó a la policía. No entendió nada de lo que hablaron pero dice que todos fueron muy amables con él. Estuvo intentando trabajar en varias provincias: Murcia, Comunidad Valenciana, Cataluña, Guipúzcoa y no recuerdo en cuántas más. Un día le llevaron a un centro de Cruz Roja y de allí lo mandaron aquí, a Castro, donde tuve la buena suerte de conocer a este chico.

Su madre tiene que estar muy orgullosa del hijo que tiene. Es bueno, cariñoso, deportista, extremadamente limpio, buen cocinero, honrado, discreto, dulce...

Un día me dijo: “Si yo limpio casa, entonces yo más tranquilo”. Siempre va bien arreglado. Limpia en un par de casas, un día a la semana. También sabe pintar y hacer trabajos de construcción. En Marruecos, por un día de trabajo en la obra y con menos medios que aquí, le daban cinco o seis euros, aquí si consiguiera el mismo trabajo cobraría treinta y cinco o cuarenta. Pero no hace más que sobrevivir, gana lo justo para pagar el alquiler y comer. Cuando consiga trabajar y ganar un sueldo de 800 ó 1.000 euros podrá ahorrar y volver a su país. ¿Pero cuándo será? Tiene 26 años y sus mejores años los pasa esperando, soñando, sufriendo. Sufre viendo a los jóvenes cuando hacen "botellón": “Mama, chicos beber, fumar, droga… muy mal, ¿eh?”.

Tiene una triste historia de amor. Ella está estudiando Medicina y su padre la obliga a dejar los estudios y a casarse con alguien que él ha elegido. Hace unos días, la chica se opuso a los deseos de su padre y se fue de casa. Ahora ha vuelto, pero sigue diciendo no a ese matrimonio que no desea. A ver si la espera no es muy larga, aunque parece que lo va a ser...

martes, 3 de noviembre de 2009

Cuentos de África



Una vez más, Bass cautivó a niños y mayores. Fue un domingo a Mioño, donde celebraban una fiesta africana, y Bass leyó un cuento y tocó el djembé. Le acompañó su amigo Jose, y los dos con la música llenaron el espacio con ese ritmo maravilloso que saben sacarle a los tambores. Las mujeres de Mioño habían hecho una choza, una jirafa y un avestruz como decoración y expusieron comidas africanas. Bass leyó un cuento sobre el Rey Leopardo, y gracias a su porte y a su exótico acento, creo que fue inmejorable como narrador. Aunque yo no podría repetir ese cuento, disfruté mucho oyéndolo. Gracias Isabel por contar con él.

jueves, 15 de octubre de 2009

La amistad



Mi madre ha estado enferma. Dicen que los amigos que lo son, son los que están en los malos momentos. Yo he sentido amistad en las miradas de los africanos. Unos la han visitado en el hospital, otro se ha quedado una noche con ella, otros me han telefoneado preocupados. Pero en sus miradas he visto algo más. Nunca me habían mirado de esa forma, queriendo ver más adentro, para ver lo que sentía, preocupados y cariñosos.

Ayer mi madre paseó del brazo de dos guapos mauritanos, chicos de 30 años que deciden pasar la tarde libre de la semana con su "abuela" de 84. Ya no puede vivir sola, pero añora su casa, y los mauritanos se ofrecen para vivir con ella. Sé que lo hacen de corazón aunque su trabajo está lejos de la casa de mi madre.
Es un detalle más de nuestra relación, entre la amistad y la familia. Cuando digo que son más lo segundo es por algo, ¿verdad?

jueves, 3 de septiembre de 2009

Sustos policiales



¡Vaya puntería! Los sustos se los han dado a los que menos lo merecían. Una vez me llama Jaité: “Mama, policía, bolsos, yo policía”. Voy a buscarle y los policías municipales me dicen molestos que por qué se ríe el chico. “De nervios”, contesto.

Otro día mi amigo Juan me telefonea y me pide que vaya con Mª Carmen al cuartel de la Guardia Civil. Al mayor de todos le han dado un billete falso y en el supermercado no le dejan marchar hasta que lleguen los guardias. L. es un hombre tranquilo, honrado, formal y alegre, que está aquí para mandar dinero, para que sus hijos acaben sus estudios. ¡Cinco años sin ver a su mujer y a sus hijos! Cuando llegamos al cuartel, Juan ya está allí y nuestro bangu tiene un susto tan grande que está a punto de llorar. Nos enseña sus manos estropeadas y dice “Yo sólo trabajar”. Los guardias son muy atentos y le han llevado para que se identifique y para intentar saber el origen del billete. Difícil tarea… a saber por cuántas manos ha pasado ya. Al día siguiente preguntamos en los supermercados qué hacían al recibir un billete falso y todos nos dijeron que no aceptarlo, y en ningún caso llamar a la Guardia Civil. Por supuesto, fuimos a ver a la encargada del supermercado en cuestión para pedir explicaciones. Es un comercio al que no tengo intención de entrar nunca más.

El último susto. Me llaman y me dicen que a Sidi le han llevado los guardias al cuartel. Corro por el pasillo sin saber dónde voy, no encuentro el teléfono. Cojo las llaves del coche, el bolso. Vuelvo a entrar porque estoy en zapatillas de casa. ¡Qué preocupación! Entonces suena el teléfono y oigo su voz: “Hola” (él tan tranquilo).
“¿Dónde estás?” (yo expectante). “En casa” (como lo más natural del mundo).
“¿Y estás bien?” (algo se ha parado a mi alrededor). “¡Claro, mama!”. Entonces me cuenta su aventura y me doy cuenta de que está preparado para afrontar lo que sea. Un día dijo: “Yo no he ido a la escuela pero no soy tonto”. Es muy listo, listo y elegante, en su comportamiento, en su porte y en su actitud ante la vida.


miércoles, 3 de junio de 2009

Crisis



Me ha llamado M. K. para pedirme algo de comida. Una amiga me ha dejado en la Casa del Mar una bolsa con aceite, azúcar, latas y leche. No se imagina lo oportuna que ha sido. Completo el pedido con un pollo y escucho al muchacho que ahora no trabaja. Vive con uno que sí trabaja, pero dice que no le pagan, y que cuando le den los 2.000 euros que le deben pagará el alquiler.

Me encuentro en el portal con A. J. Se acabó para él el trabajo en el restaurante donde estaba. ¿Cómo se pueden entender dos húngaros, un francés, un chileno y un gambiano? "No te preocupes, mama", me dice, "yo puedo dormir en la calle".


K. K. se ha lesionado jugando al fútbol. Nos dejaron una huerta, nos regalan plantitas de pimientos, tomates, lechugas y acelgas, y ahora que hay que trabajar, pero él no puede casi ni andar.

Esto ha pasado en una mañana. Es la situación de tres pero hay once más, de los cuales sólo cuatro están bien por el momento. Demasiados hijos para una casa pequeña.

viernes, 3 de abril de 2009

Historia de un universitario

En el Encuentro Intercultural que se celebró en Castro en el mes de septiembre, tuve tiempo para estar con los africanos que habían llegado a la ciudad recientemente. Uno de ellos me llamó la atención y se lo comenté a mi hija: “Hay un chico que tiene una mirada que me gusta y una expresión dulce. Siempre sonríe, es de Mauritania”.

Pasó el tiempo. Cuando empezaron las clases para adultos coincidía con los chicos en el instituto. Yo salía de clases de francés y ellos de español. Un día el chico me dijo: “¿Me puedes ayudar?”. Yo le dije que si no había algún voluntario de Cruz Roja que lo pudiera hacer. Como su respuesta fue negativa, le dije que intentaría ayudarle. Él tenía muy claro lo que necesitaba hacer.

Lo primero era traducir su título universitario y homologarlo para seguir estudiando y sacar el doctorado. Un amigo de Costa de Marfil que había trabajado como traductor nos dijo a quién podíamos consultar. Llamamos, pedimos cita y una tarde nos fuimos a Bilbao. Nos recibió Jatabi, un marroquí que aconsejó y guió al chico. La traducción de su título era muy cara, 350 euros. Así que nos fuimos con la información de lo que tendría que hacer si decidía vivir en el País Vasco. ¡Le encantó Bilbao! Decía que quería vivir allí. Cuando conozca Santander y San Sebastián seguro que también le encantan.

Lo primero que necesitaba era empadronarse y como los ayuntamientos sólo reciben por la mañana, pues fui a buscarle al albergue. No pudo pedir permiso para salir a hacer este trámite porque no le cogían el teléfono. Cuando volvió tenía su expulsión tramitada. Él se puso muy contento, estaba deseando dejar de subir ese monte hasta Talledo, esos tres kilómetros y medio, de noche, con lluvia y sin luces. Os recuerdo que hemos tenido un invierno muy duro. Me decía que el último kilómetro le daba miedo porque la carretera no tiene protección y puedes caerte por la ladera. Alguna vez que he subido, los he encontrado en la carretera, él siempre el último, y cuando se subía al coche repetía: “¡Qué suerte, madre, qué suerte!”. También hay vacas y se oyen otros animales. Los chicos corren peligro, alguien debería hacer algo, tendrían que llevar chalecos reflectantes y linternas.


(Aquí el mapa, para que veáis dónde queda Talledo.)

Desde que vive en Castro he convivido mucho con él. Siempre quiere ir a todos los sitios. Es entusiasta y positivo, alegre y ameno. Si tengo que ir con mi madre al hospital, si hay que ir a un entierro, ir al cine, subir al monte, hacer una marcha, lo que sea, él siempre está dispuesto. Es un chico excepcional. Un regalo de África. No quiere que su familia sepa en qué condiciones está, por eso no digo su nombre. Algún día os lo diré y veréis su preciosa sonrisa.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Un día superafricano



El lunes fue un día superafricano. Me llamó Dicko para despedirse. Se va a Madrid. Estuvo muy cariñoso, me daba las gracias -“gracias, gracias”- y me tiraba besos. “Mua mua mua”, como los niños haciendo el ruido.

Me llamó Omar, el mauritano de cerca de Mali, donde tienen vacas blancas con cuernos enormes. Se va a Torrelavega. Majísimo también.

Hablé con Dumbia y Cissoko, que están en Vitoria, tres veces en el mismo día.

Vi la ropa que ha hecho Fodé. ¡Es preciosa! Cose muy bien. Estoy entusiasmada, se va a ganar muy bien la vida. Le di un par de besos más a gusto...

Estuve con Sidia tratando para un trabajillo que van a hacer. Me presentó a un amigo que ha venido a visitarle, se llama Moussa.

Estuve con Kafu, que ha empezado a trabajar y estamos todos muy felices por él. Y con Alassana, que era su día libre y vino a visitar a los amigos.

Y hablé con Aziz y Vall. Como me iba de viaje –ahora estoy en él- todos me han despedido con buenos deseos y frases tan bonitas como esta: “Madre, estés donde estés, te quedas en mi corazón”.

lunes, 23 de marzo de 2009

Profesionales

Uno de ellos es sastre. Está impaciente, deseando demostrar lo que sabe hacer. Ya le hemos dejado máquina de coser, caja de costura equipada y telas.
Otro es carnicero, con quince años de experiencia. Hemos visitado un matadero y esperamos que en alguna carnicería de Cantabria, en algún momento, alguien le necesite.
Otro es pescador. Ha hecho un cursillo de preparación y ya está pescando verdeles.
Otro vendedor. Como es listo y hablador ya tiene un montón de amigos. Espero que tenga también muchos clientes.
Otro va a ocuparse de recibir a los peregrinos que van por la costa haciendo el Camino de Santiago.
Otro se quiere ir al ejército. ¿Alguien sabe hasta qué edad admiten?

También tenemos a un intelectual con el que se puede hablar de cualquier cosa. Es una persona maravillosa, siempre sonriente y positivo. Cuando él me lo permita os diré su nombre y pondré su foto. El otro día nos acompañó al monte. Fue como llevar la radio porque hablaba y hablaba, de árboles y animales de África, de historias y modos de vivir, de su familia y de sus amigos... Pensándolo bien, no fue como la radio, fue como la televisión, como si el narrador, el presentador, nos acompañara. Fue una mañana genial.

viernes, 27 de febrero de 2009

Subidón



Tristezas y alegrías. Así es la vida. Hay momentos en que me siento tan feliz que se nota, porque beso, abrazo y piropeo a diestro y siniestro:
Para Aziz: “¡Ay, ivorien, mi hijo guapo!”.
Para Richard: “¡A,y lo más bonito de Senegal!”.
Para Sidia: “¡Ayyyy, eres lo mejor que ha venido de Gambia!”.
Para Vall: “¡Este mauritano! Es que es guapo, listo y encantador”.

Y los que no están este mediodía presentes también se merecen un cariño, y además con mi estado de ánimo vería lo mejor de cada uno. Bass es inteligente y hablador. Kafumba, místico y trabajador. Mendi, simpático y buena persona. Kamara, respetuoso y educado. Lahun, sensato y formal. Alassana, tierno, alegre y coqueto. Echarqui, sentimental y bondadoso. Fusseini, tímido y vulnerable. Adama, alegre y buen compañero. Mustafá, Ahmed, Modi, Moussa, Steve, Omar, Hervé... todos son buena gente.

Este subidón me lo han proporcionado al cincuenta por ciento los negros y los blancos. Es época de abundancia. Nos han llegado bolsas de ropa de deporte estupenda. Gracias a Yolanda y a su marido. Y zapatos, y jersey, nikis, calcetines y con las bolsas de deporte incluidas.

No sabéis lo bien que lo hemos pasado con el reparto. Se conocen tan bien que unos elegían para los que no estaban, para los que juegan al fútbol, para el rasta-man, para el elegante... ¡Qué lio de ropa! Ver al chico que el otro día lloró fue maravilloso.

En la panadería les dan magdalenas. Gracias Enna. Unas amigas han comprado comida, patatas, maíz, lentejas, leche, latas de pescado, Cola-Cao. Gracias Vivi, Elena, Pili. Y una vecina nos ha dado un equipo de música que les ha entusiasmado. Gracias Lali, por el regalo, pero más te agradezco lo que me dijiste para Richard cuando supiste que ya no vivía cerca: “Mucho no le puedo ayudar, pero si necesita algo haré lo posible. Me lo dices, ¿eh? Que no lo pase mal, avísame si necesita algo”. ¿Hay mejor despedida de una vecina? Ya os dije que Richard es encantador. Conocerle es quererle. ¡Y está muy guapo con las rastas! Ya le sacaré una foto para que le veáis.

Nos hemos acostumbrado a visitar a los chicos con una bolsa de fruta, un kilo de carne, una caja de galletas o un pollo. Todo el que les conoce, tiene buen corazón y sabe que viven cinco en una casa y trabajan dos o tres, les lleva algo. Lo ideal sería un trabajo, pero eso es muy difícil. Bueno, todo llegará, ¡que estamos en racha!

miércoles, 25 de febrero de 2009

Carnaval



El domingo se acabó el Carnaval con el Entierro de la Sardina. Fuimos a verlo mi madre, que tiene 84 años, mi amiga Lachén, el mauritano y yo. Tras media hora de pie, viendo el teatro del juicio al Sardina, nos fuimos detrás de la divertida comitiva por las calles de Castro. Yo, preocupada por mi madre, la decía que si nos sentábamos en una terraza, pero ella agarrada del brazo del mauritano, avanzaba bailando muy animada.

Cuando llegamos al puerto nos encontramos con Aziz y Mustafá, y todos juntos vimos cómo tiraban al mar al Sardina, momento en el que terminó, por este año, el Carnaval.

Elena, que estaba en su casa con Kertxo, quería saludar a la abuela y a los africanos, así que subimos hasta allí, con las pocas fuerzas que nos quedaban. Me gustó la alegría de Vall: “¿Por qué yo no te veo? ¡Mucho tiempo!”. Y la ternura de Elena y Aziz: “¡Hermano¡”, “¡Hermana!”, con un cariñoso abrazo.

Me encanta esta familia mía.

lunes, 9 de febrero de 2009

Lluvia y muerte



Es viernes, llueve sin parar y llevo en el coche a Vall y a un par de africanos al albergue. Mi amigo mauritano dice: “¡Madre, entra, tienes que entrar! Es por Dumbia, ¡han matado a su hermano! ¡Tenemos que consolarle!”.

El chico de Costa de Marfil está en la litera del albergue hundiendo su cara en la almohada, soportando el dolor al saber que ya no verá nunca más a su hermano mayor. Ha muerto de un disparo en su país. Le consolamos entre todos. Vall le dice: “Todos vamos a morir”. Nos da las gracias y llora. Al lado, un chico de Mali reza arrodillado en la alfombra.

Es domingo. Sigue lloviendo sin parar. Dumbia tiene 29 años. Su padre murió y su madre vive con su hermano de 19 años. Tiene también dos hermanas. Nos habla de la corrupción, de los abusos del ejército y de los rebeldes que roban los uniformes de los militares y hacen barbaridades. Él dice que vivió una situación similar a la de su hermano en el mismo lugar donde este fue asesinado. Tiran un árbol en la carretera y exigen dinero para pasar. Si no tienes te dan un tiro. Dumbia tuvo suerte. Llevaba sólo diez euros y le pedían doscientos. El conductor del coche los dio por él y se salvó. Su hermano cayó.

Sólo han pasado dos días desde que se enteró de la muerte de su hermano. Hoy sonríe, ha hablado con su familia y dice que están bien. Suena su teléfono, habla en su idioma y de repente me lo pasa: “Toma mama, es mi hermano pequeño”. “Allo! Ça va? Et ta mère?”. Le mando un abrazo para su madre y mucha suerte para él.

¿Tenemos derecho a tener miedo, a que nos quiten un poco de nuestro bienestar? Me pregunto.

jueves, 5 de febrero de 2009

Visita sorpresa



Estando en el supermercado me llama mi marido y me dice que está un chico guapo con rastas esperándome. Pienso que es Aziz, y como es mediodía, compro hígado, que le encanta, por si se queda a comer. Cuando llego a casa me encuentro a Alassana en el sofá. Sorpresa y alegría. Su sonrisa y su "oh mama" van directo al corazón.
Alassana no vive en Castro, vive a 25 kilómetros de aquí. Un amigo le protege y ahora está haciendo un curso de cocinero. Aunque los africanos no hablan mientras comen, lo cual es muy sensato, yo aprovecho al tenerle de frente y tan cerca, para sonsacarle y saber cómo se encuentra.
La docena de africanos que viven aquí se visitan y se arropan unos a otros, pero este está solo. Aunque es muy dicharachero y seguro que conoce a muchísima gente. No se queja de soledad, pero dice que no puede llamar a su familia; tienen muchos problemas y se pone triste porque no puede ayudarles como le gustaría. Dice: "Cuando hablo con Gambia yo no dormir, mama, mi cabesa piensa mi madre, mis hermanos...", y se le humedecen los ojos. Es mucha presión para un chico que lo tiene difícil para sostenerse a sí mismo.
Y sin embargo, ahí le veis, sonriente, con toda la bisutería que le hemos regalado y que luce divinamente, y con la confianza en que todo mejorará. Inshalá!

martes, 3 de febrero de 2009

Casa nueva, vida nueva

Bass, Mendi, Richard, Aziz y Mustafá ya disfrutan de su casa nueva.
Adecentar el piso es duro y hay que trabajar en equipo.
Les cuesta arrancar, pero les ponemos las pilas. ¡Si les vieran sus mujeres!
Aunque la casa es nueva, las costumbres son las de siempre. ¡Que no falte el té!

jueves, 22 de enero de 2009

Nostalgia



Van pasando los meses, y los africanos, como en una carrera de obstáculos, sortean las vallas de la vida. A veces pienso que es milagrosa la forma de superar las dificultades. La actitud es muy importante. A mí me dice uno que se ha quedado sin trabajo y siento angustia; ellos sonríen y no pierden la ilusión.


Entre ellos se visitan, se ayudan, se apoyan. No hay sitio para la depresión y pocas veces te dejan ver la nostalgia que sienten. En realidad sólo la he visto tres veces. El otro día Mendi estaba escuchando música de su país y decía que lo echaba de menos, que si pudiera ir de visita sería feliz, "pero trabajar aquí, porque allí poco dinero mama", decía.


Otro día vi nostalgia y tristeza en Alassana recordando a su madre, Tunko. Se tapaba la cara y sacudía la cabeza: "Me encantaría verla", decía. A mi querido ... (mejor no digo su nombre) le marginó en el trabajo un pariente de su jefe. Lo pasó mal y no se atrevía a contarlo. Cuando me lo dijo le salió todo el dolor, y lloraba y decía: "Quiero ir a África ahora, ahora, ahora". Bueno, eso no era nostalgia, era rabia. Me habría encantado agarrar amenazante al racista por el pecho y preguntarle si se creía superior. Y os aseguro que soy tranquila y en absoluto violenta.


Esa actitud, esa tranquilidad, comprendo que es muy útil ante las dificultades e intento aprender a usarla, a la vez que yo les acelero un poco y les meto prisa para que pinten el piso en dos días en vez de en cuatro.

martes, 20 de enero de 2009

Mudanza



El año no ha empezado mal. Los chicos que se llevan bien -Mendi, Richard, Bass, Aziz y Mustafá- y que estaban en cuatro pisos diferentes, por fin están juntos. Para mí también es muy cómodo no tener que andar de casa en casa cuando les llevo cosas. Estoy contenta, aunque los traslados son terribles. Buscamos los alquileres más baratos y por eso no podemos exigir mucho. Mejoramos los pisos en cuestión de limpieza, muebles y enseres, y os aseguro que es mucho curro.


También vivimos situaciones divertidas. Una amiga nos ha dado un somier y un colchón de 90 cms., y tendríais que haber visto a Mustafá con el somier en la cabeza y a Aziz con el colchón, de noche por las calles de Castro, llevando la cama de su amigo Richard que estaba trabajando. Otro día nos dieron un armario metálico y fueron seis africanos, alguno vestido con ropa exótica de Mali, arrastrando el armario sobre una plataforma con ruedas.


Yo no lo vi porque estaba en el piso, pero mi amiga Mari Carmen les acompañó y dice que era un espectáculo curioso. Como el armario no cabía por los recodos de la escalera, lo tuvieron que desmontar en la calle, y los conocidos que pasaban y les veían dentro soltando tornillos, me preguntaban si estaban saliendo del armario. "Saliendo y entrando", les decía yo.


El armario es para Bass y le ha gustado tanto que dice que se lo va a llevar a África cuando vuelva. Tenemos alfombras, mantas, lámparas, televisión, sofás, mucha gente ayuda con comida y tenemos salud y alegría. Sí, podemos decir que el año no ha empezado mal.

miércoles, 7 de enero de 2009

La ilusión



Qué mejor manera de empezar 2009 que haciendo realidad los sueños de los niños: conocer a los Reyes Magos y a sus pajes. La ilusión y la emoción duran muy pocos años, por eso es tan bonito participar de la fantasía navideña por excelencia. Sidia nos hizo el favor de hacer de paje a domicilio para las sobrinas de Iker y fue una gran experiencia. Él actuó muy bien y ellas están deseando contárselo a sus compañeros de clase, pero, como son muy listas y saben que nadie las creerá sin pruebas, han pedido copias de las fotos que hicimos a sus padres.

Richard fue Baltasar para los niños castreños. Cómo no iba a hacerlo genial si tiene la sonrisa tatuada en la cara, aunque su vida esté llena de dificultades. Otros amigos africanos hicieron el papel para el Belén Viviente que organiza en Castro la Asociación Cultural Pasión Viviente.

Los inmigrantes nos ayudan a mantener la ilusión de los niños, aunque ellos crean en otro dios. Mientras tanto, los adultos tenemos otra ilusión, la de agarrar el 2009 con nuevos ánimos y proyectos que nos devuelvan la esperanza de ir construyendo a pedacitos una sociedad mejor, más solidaria y generosa, menos egoísta. Seguimos siendo soñadores, afortunadamente.

martes, 9 de diciembre de 2008

Vergüenza


No creáis que ya no hay historias que contar... no sé si habrá algún día en que no tenga contacto telefónico, encuentros en la calle o visitas con los africanos.
Hay historias que contar. Es sólo que la situación es mala y me cuesta contar tristezas, pero es lo que hay. Un chico se queda sin trabajo y se va sin cobrar los dos últimos meses. Sus compañeros de piso le pagan el alquiler y le dan de comer. Voy a ver al empresario, que no tiene intención de pagar, y que dice que le ha tenido por compasión y que no le debe nada. Le dejo con la coronilla de santo que se ha colocado. Siento indignación y vergüenza.
¿Recordáis al camarero que me ayudó en la jaima a principio de verano? Pues ha trabajado días sueltos desde entonces. Hace un mes que está en la construcción, pero debía tres meses de alquiler. La señora con la que comparte piso le exigía el dinero y él agachaba la cabeza y callaba. Pedí una ayuda para él. Ha comido gracias a la caridad de los amigos. Si no hay ingresos las deudas se hacen cada vez más grandes. Intentamos por el bien de todos que no sea así... pero son demasiados. Maldito dinero.
He recibido un mensaje de uno que se marchó a Torrelavega. No le dieron el asilo político y al acabar la acogida se fue a vivir con un amigo. Me pide que vaya a verle, dice que cada día es un infierno para él. Por favor, que cada uno piense en un joven de su familia. Hijo, sobrino, primo, nieto. Imaginen que está en un país extranjero sintiéndose así de mal. ¿Pero qué estamos haciendo? ¿Cuántos habitantes tiene Torrelavega? ¿No habrá ni una persona que se acerque a este muchacho? Tanto discutir sobre los símbolos religiosos... ¿y el amor al prójimo?
Ha vuelto un chico de Guinea que ha estado trabajando 9 meses en Cataluña y Murcia. No sabe leer. Me decía que sólo una mujer le había ayudado, enseñándole las letras. ¡En 9 meses sólo una persona!
El otro día, en la cola del supermercado, una señora hablaba de la crisis y de lo mal que lo tiene nuestra juventud. Pobrecitos, decía, no se pueden comprar un piso, la cosa está muy mal. Y yo pensaba en el botellón, en las cenas, despedidas de solteros con viaje, bodas con modelo nuevo en cada una, fines de semana en casas rurales, vacaciones, salidas a esquiar, los armarios rebosando ropa, peluquería, solarium, depilación, gimnasio, cine, copas, tabaco... Y pensaba después en esta otra juventud que se conforma con comer, pagar el alquiler y mandar cien euros a su madre.
¿Sabéis que me dijo un chico de 22 años de un compañero que tiene papeles y trabaja fijo? Dijo: "Es rico porque come todos los días fruta y pollo". Y yo, horrorizada, le pregunté: "¿Pues qué comes tú?". Y me dijo: "Arroz, patatas, alubias...".
Yo, en un autobús, recogí una vez unos 300 euros para comprar lotería. Si hubiera pedido para ayudar a los necesitados no habría sacado ni el diez por ciento. Nuestro defecto, nuestro pecado: el egoísmo. Y nos creemos buenos. Si nos preguntan "¿Te consideras buena persona?", seguro que casi todos decimos que sí.
Viene la Navidad... reflexionemos.
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