
viernes, 13 de febrero de 2009
Comida para todos

viernes, 7 de marzo de 2008
Leer sobre Afrika 2

Una Torre de Babel para los niños patera
Por GLORIA VILLORIA PRIETO. Fotografías de RICARDO CASES
Casi todos los niños y adolescentes que llenan de bullicio y carcajadas los pasillos laberínticos de La Inmaculada a la hora del recreo proceden de la miseria económica o humana. Son huérfanos, hijos de prostitutas, inmigrantes ilegales o chavales complicados. Recalaron aquí por el desespero de sus padres, que conocieron el prestigio del centro a través del boca a boca.
Pese a su modestia, las cifras que arroja La Inmaculada son vertiginosas y contradictorias. Por un lado, el 70% de los alumnos vive y estudia aquí gratuitamente; y por otro, los que pueden pagan menos de 200 euros al mes. El colegio requiere más de 600.000 euros al año y del Estado no recibe más que 240.000: lo mismo que cualquier centro educativo concertado, con la diferencia que aquí los gastos contináan cuando terminan las clases. Entonces, ¿quién –y cómo– mantiene este negocio a todas luces ruinoso?
lunes, 28 de enero de 2008
Mello

Estas fotos son de una mañana que subimos al monte Mello. Sólo vinieron seis chicos: Aziz, Ahmed, Faidy, Fámara, Kemo y Lamine. Los demás se quedaron en el albergue, supongo que no entendieron qué era lo que íbamos a hacer. Kemo, por ejemplo, que es el de la chaqueta azul marino, sólo hablaba su idioma, que no recuerdo si era malinke, wolof o dyulá. Yo le hablaba y él me sonreía..... no entendía nada, ni español, ni mi escaso francés. Está trabajando, espero, en Santander y me encantaría encontrarlo algún día.
En la segunda foto, sacada en la cima del monte, se ven la refinería de Muskiz, pueblo donde nací, y la costa vasca. La primera es de la parte cántabra, y al fondo se ve Castro, la ciudad donde vivo. A los africanos les gustó mucho la experiencia: subir al monte, comer una manzana, contemplar el paisaje, sacar unas fotos y vuelta a la hora de comer.
jueves, 24 de enero de 2008
Todo empezó así
Desde ese día no he podido dejar de subir. Hay dos chicos de ese primer grupo, Ibrahim, que está en Tenerife, y Chek Diop, que vive en Granada y suele visitar a mi sobrina Eider en el Gambrinus, con los que tengo contacto. A los demás ni los recuerdo.
Talledo está en pleno monte a unos 12 kilómetros de Castro. El bus urbano sólo llega a Otañes y quedan 4 kilómetros de plena subida para llegar al albergue. Este cuenta con 7 literas, por lo que nunca hay más de 14 personas. Hay dos cuidadores que pasan las noches y el fin de semana: Alfredo y David. De lunes a viernes una trabajadora social y una educadora hacen su labor.
También hay voluntarios que se ocupan del guardarropa, de enseñarles español o a utilizar los juegos de mesa en una tarde lluviosa, de ir a jugar al fútbol, de llevarles a ver Bilbao... Tratar de acompañarles, hacer que no se sientan aislados, ayudarles a integrarse, son tareas muy gratificantes que llenan el corazón.
Cuando Sidia frunce el ceño y me reprocha que no suba todos los días, siento no poder hacerlo. Subo las tardes de los domingos. Me gustaría hacerlo más.