
Esta semana me han llamado muchos africanos: Abdulai, Kargbo, Sangüi, Seku y Yusuf, que están en Almería, Las Palmas y Barcelona. Parece que llega el invierno y con él las preocupaciones. Me saludan con alegría: "¡Mamá Africa!". Y se interesan por toda la familia y por los amigos que conocieron aquí. Les pregunto por su situación y todos me dicen que "muy difícil en España".
A un amigo de Costa de Marfil le ha visitado su hermano mayor, que es veterinario y está haciendo un curso de dos meses en Roma. Me dijo que deberíamos contactar con asociaciones de madres africanas y ayudarlas en la tarea de convencer a los jóvenes para que no vengan en cayucos. "Es necesario parar este éxodo", dijo.
Tiene razón, arriesgan su vida y están malviviendo. Hoy han echado a dos de mis chicos, que trabajaban en un restaurante. ¿Tendrán para comer mañana? ¿Y cómo pagarán el alquiler el día uno?











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